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Pádel: crónica social y otras curiosidades

Durante los últimos 15 años el Pádel en España ha experimentado un gran desarrollo. El número de jugadores federados, así como la cantidad de instalaciones en las cuales podemos practicar esta divertida actividad deportiva han aumentado de forma espectacular.

En poco tiempo, el pádel ha pasado de conocerse como deporte favorito de las elites de nuestro país, a convertirse en un deporte realmente popular, siendo España, no sólo la cuna de los mejores jugadores del World Padel Tour, sino llegando a ser el segundo deporte más practicado en este país, tan solo superado por el fútbol.

Con más de dos millones de jugadores en nuestro país y más de 900.000 palas vendidas cada año, este deporte va camino de convertirse en parte de nuestra cultura. Un deporte rápido y divertido que al parecer impulsó su popularidad en España de la mano del campeón del mundo 2007, Juan Martín Díaz Martínez “el gallegito”, jugador de origen argentino y actualmente nacionalizado español que recaló en Marbella hace 20 años. Y es que, si hay una ciudad clave para comprender la historia de este deporte, esa ciudad es Marbella.

Un inglés con acento mexicano

Se dice que los marineros ingleses jugaban algo parecido al pádel cuando paleaban a bordo de los navíos en el siglo XIX, pero de lo que tenemos testimonio certero es de que este deporte nació hace bien poco: sólo 45 años, y lo hizo en un lugar tan alejado de los palacios franceses e ingleses como la soleada Acapulco. Fue en México, donde un caballero llamado Enrique Corcuera convirtió el frontón de su casa en la primera cancha de pádel de la historia.

Corcuera era un apasionado del tenis, pero en su rancho de Jalisco no existía una cancha cercana. Decidido a jugar, Corcuera utilizó como cancha el frontontenis que sí tenía en casa, colocando una red para separar ambos lados de la cancha. Los rebotes en los muros dinamizaban el juego y le parecieron divertidos por lo que mandó construir otro frontón y algunos muros laterales. El resultado fue un deporte rápido y divertido, que se extendió como la pólvora por Argentina y España.

Hohenlohe, Santana, Plácido y Aznar

El creador del pádel, Enrique Corcuera, era todo un hombre de mundo y solía recibir en casa a la alta sociedad europea. Esto propició que durante una visita el príncipe Alfonso de Hohenlohe conociese este deporte, con el que inmediatamente se entusiasmó. El príncipe Alfonso Hohenlohe fue el primer embajador de lujo de la ciudad de Marbella: el promotor y fundador de los primeros resorts marbellís donde Hohenlohe había reclutado, entre lo más selecto y granado de Europa, a los primeros turistas extranjeros que hoy dan fama a la ciudad malagueña, como las poderosas familias Rothschild o Thyssen.

En 1974, Hohenlohe construye en el Hotel Marbella Club las dos primeras canchas de pádel de Europa. Y poco después, el primer gran tenista de nuestro país, Manolo Santana, se interesa por él y comienza a popularizarlo entre la jet-set de la Costa del Sol, fundando los primeros clubs de este deporte. El éxito del pádel radica, hoy como ayer, en la jugabilidad y velocidad del juego. Sus principales diferencias con su hermano mayor, el tenis, es que requiere menor fondo físico por las menores dimensiones de la cancha y que aporta un extra de socialización –muy propia del carácter latino- porque se juega en parejas.

No es de extrañar que el país que nadie pensaría como cuna del pádel, México, tuviese que luchar por este reconocimiento, dado que argentinos y españoles se disputaban el privilegio. Tras una dura lucha, quedo probado finalmente que fue Corcuera el primer creador. Fue entonces cuando México impulsó una federación de pádel y ésta se lanzó en busca de una cancha técnicamente perfecta. De ese modo nacieron las primeras canchas de vidrio templado, creadas y patentadas en el país azteca. Uno de los primeros privilegiados en poseer una cancha de vidrio templado fue Plácido Domingo, el cual regaló otra a su amigo personal, el ex presidente José María Aznar, que se apasionó tanto por este deporte que llegó a practicarlo a diario.

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