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Cómo mantener una piscina

Desde Niberma Soluciones Deportivas queremos traeros esta semana un tema refrescante y muy propio del verano: las piscinas. En Niberma construimos todo tipo de piscinas, siguiendo los más altos estándares de calidad y los procedimientos de fabricación más innovadores del sector de la edificación. Tanto si se trata de una piscina de cloro, como de agua salada, ponemos a disposición de nuestros clientes acabados únicos que conjugan practicidad y estética.

La piscina perfecta es aquella que mejor se adapta a las necesidades de los usuarios, por lo que antes de optar por un tipo u otro (fibra de vidrio, hormigón proyectado, acero, madera, etc.), debemos pensar qué uso concreto vamos a darle. Sea cual sea el modelo elegido, existen una serie de consejos a tener en cuenta para su correcto mantenimiento que recogemos a continuación.

 

La alcalinidad, a raya

En primer lugar, debemos mantener la alcalinidad perfectamente ajustada, entre 80 y 140 PPM (partes por millón). La alcalinidad es la capacidad que tiene el agua para mantener su Ph estable frente a un ácido. Se trata, así, de la cantidad de carbonatos, hidróxidos y bicarbonatos que contiene el agua. Para disfrutar de un agua saludable y transparente hay que respetar ese equilibrio y tener en cuenta que tanto si nos pasamos, como si no llegamos, la calidad del agua no será la deseada.

¿Qué sucede si existe una deficiencia de alcalinidad? La primera consecuencia que notaremos será la corrosión de nuestra piscina, tanto de las partes metálicas como de los accesorios de decoración. También es posible que se produzcan manchas. Por otra parte, un nivel de alcalinidad más bajo del recomendado puede dificultar el control del pH, de manera que no podamos ajustarlo de acuerdo a las necesidades del agua.

Para aumentar la alcalinidad total del agua podemos usar bicarbonato sódico o el producto específico que comercializan las marcas fabricantes del sector, que indican la cantidad específica a emplear.

Por el contrario, si el problema es un exceso de alcalinidad, se producirá un aumento del valor del pH del agua, que además adquirirá un color turbio. Si esta situación se produce debemos cesar inmediatamente de bañarnos en la piscina hasta que no se recuperen los valores normales, ya que un agua demasiado alcalina puede tener consecuencias negativas para nuestra salud, como irritación de ojos, nariz, oídos y garganta.

Para reducir la alcalinidad total del agua, se emplea el ácido clorhídrico, también conocido como agua fuerte. Hay que ser especialmente precavido en el empleo de esta sustancia, ya que su contacto directo con nuestra piel u ojos puede dañarlos de manera grave, así como irritar las vías respiratorias.

 

Filtros limpios

Es aconsejable limpiar los filtros de nuestra piscina, al menos una vez por se mana. La regularidad es fundamental para que el agua esté limpia, transparente y libre de impurezas. También hay que limpiar la arena del filtro, al menos, una vez al año. Se recomienda incluso hacerlo cada seis meses, pero dependerá siempre del uso de la piscina. Por supuesto, también que favorecer la correcta circulación del agua, garantizando su buena oxigenación y fluidez.

 

Controlar el PH

Además de revisar la química de la piscina, como mínimo, una vez por semana, hay que controlar el pH para que no supere 8.0. Para ello, el mercado ofrece la posibilidad de adquirir un práctico kit analizador, compuesto por un estuche que nos permite medir el pH con el reactivo rojo fenol.

 

El cloro, al caer el sol

Otro consejo útil y práctico es aplicar siempre el cloro en la piscina después de la puesta de sol, así como comprobar de manera regular los sistemas de bombeo y circulación.

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